
Desde que me acuerdo, la leche fue uno de esos productos que experimentaba ciclos de precios. Épocas de bonanza, y épocas de descalabro. En general, los ciclos estaban más emparentados con deficiencias o excesos de oferta, que a oscilaciones en la demanda. En épocas de escasez, las usinas pujaban por hacerse de materia prima, y cuando sobraba, los precios se reducían hasta que los excedentes desaparecían (vía cierre de tambos). Era muy común que durante la primavera se pagaran los "excedentes" (la leche producida por encima del volumen "base" invernal), la mitad o menos que la leche de invierno.
La exportación de lácteos era muy difícil ante los subsidios con que los europeos colocaban sus excedentes, e incluso cuando faltaba leche se importaba leche en polvo en cantidad, además de quesos.
El Mercosur dio la oportunidad para la primer exportación importante de lácteos, lo que provocó un boom de la producción que se derrumbó cuando Brasil devaluó su moneda en el 99.
Este golpe, provocó un cierre masivo de los tambos más chicos. Además, como los tambos ocupan frecuentemente tierra apta para agricultura, el cambio de actividad se vió favorecido por la crisis, permitiendo que muchos ex-tamberos pudiesen mantener su tierra.
Hoy la producción se estaba recuperando, hasta los problemas causados por las inundaciones de este año. Pero a un ritmo muy lento, en un contexto de demanda internacional creciente y con buenos precios. Además se hizo la inversión para hacer plantas modernas de leche en polvo, con calidad y eficiencia de exportación.
Porqué esa recuperación tan lenta, si finalmente se puede exportar con rentabilidad, y ya no hay miedo a los terribles excedentes?
Adivinó el lector, el problema es político.
El inefable Moreno maneja la canilla de la exportación, y con el control de precios tiene controladas a Serenísima y Sancor (que estan técnicamente fundidas) mediante subsidios.
En este contexto, la baja de precios al tambero del 12% que ordenó la semana pasada, y que las industrias obedecerán en masa, es solo una muestra de que los bienes y la rentabilidad de miles de tambos dependen de decisiones políticas, encima de un funcionario que no sabe de que lado tiene el culo una vaca.
No es de extrañar que los precios actuales, que no son malos, no despierten ningún frenesí inversor que haga pensar que la producción vaya a aumentar en el futuro.
O que, como me contó un tambero el Sábado, sean comunes las decisiones de achicar la producción para el año que viene, para aumentar el área agrícola.
Porque nadie garantiza que en un futuro cercano, se fuercen precios aún menores. Si invertir con un ojo mirando al mercado ya era azaroso, con precios políticos ya es casi irresponsable.
Lo lógico hubiese sido montarse al boom exportador, proponiendo esquemas compensatorios para que la leche fluída y el queso de rallar (únicos subproductos de la leche en una canasta básica) no suban de precio. Pero tratando de lograr que la producción se duplique en 5 o 6 años.
Nunca el consumidor va a estar tan bien abastecido o con tanta seguridad alimentaria como cuando hay un excedente exportable del 50% de lo que se produce, en vez de precarios equilibrios consumo-producción.
Pero todo indica que seguiremos con la producción estancada, y hasta Chaves se va a quedar sin recuperar con leche la plata que puso en Sancor. La lechería no se puede mudar al NOA y NEA como la ganadería de carne, y el porvenir lechero esta lleno de nubes.
Y todo por brutos.